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La viuda y el juez: una lección de perseverancia (Sermón)

By John Everett Millais - http://myweb.tiscali.co.uk/speel/pici/millais3.jpg, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=10592523

Proper 24 - Year C - RCL,  San Andrés Episcopal Church
19 de octubre de 2025

Hace unas semanas, en las noticias y redes sociales, apareció una historia curiosa. Según un hombre en TikTok, la segunda llegada de Jesús debía ocurrir el 23 y 24 de septiembre de este año. En esos días, decía, los elegidos serían llevados al cielo y el resto de nosotros, los pecadores, quedaríamos atrás.

Este tipo de predicción sucede de vez en cuando, y como siempre, los días llegaron y pasaron sin ningún alboroto. Aquí seguimos, mientras los que insistieron en que esto ocurriría ya han dicho que malinterpretaron sus cálculos y han ofrecido una nueva fecha, asegurando que esta vez sí será la correcta.

Cosas así han ocurrido desde los orígenes del cristianismo, y precisamente por eso escuchamos hoy, en el Evangelio de San Lucas, una advertencia contra predicadores y estafadores que distraen a la comunidad cristiana respecto a la segunda venida de Cristo. Ese es el contexto de la lectura de hoy: la comunidad a la que Lucas escribe estaba frustrada y distraída, esperando el regreso de Jesús, y muchos estaban recurriendo a otros filósofos o líderes del momento.

En este contexto, Jesús enseña que no debemos desesperar, sino ser persistentes en la fe; seguir esperando pacientemente, aunque parezca que nada cambia. Para ilustrarlo, ofrece una imagen poderosa: la parábola del juez injusto y la viuda perseverante.

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En lugar de seguir a cualquier estafador que anuncie la fecha del regreso de Jesús, Jesús nos llama a la persistencia en esperanza y fe. Jesús cuenta que había en cierta ciudad un juez que no temía ni a Dios ni a nadie. Era un juez injusto. Pero una viuda venía todos los días a exigir justicia, hasta que el juez, agotado por su insistencia, accedió a escucharla. Jesús concluye: si hasta un juez injusto cede ante la perseverancia, ¿no hará Dios, que es justo, mucho más por quienes claman a Él día y noche?

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Las parábolas de Jesús son complejas y, a veces, difíciles de traducir. Quiero compartir tres breves notas para entender mejor el color de esta parábola.

Primero, cuando Jesús dice que el juez no temía ni a Dios ni a nadie, quería decir que era un hombre sin honor y sin vergüenza. Y hay evidencia de que así funcionaba la justicia en esa época. En el siglo XIX, el viajero H. B. Tristram describió un tribunal en Mesopotamia lleno de corrupción: los ricos sobornaban a los secretarios para que sus casos fueran oídos primero, mientras los pobres esperaban días enteros. Entre ellos, una viuda regresaba cada día pidiendo justicia, hasta que el juez, cansado, finalmente escuchó su caso. Su perseverancia fue su única defensa.

Segundo, cuando Lucas dice que el juez fue “agotado” por la persistencia de la viuda, la palabra griega proviene del boxeo. Una traducción más literal sería que el juez recibió un “ojo morado”, es decir, que fue golpeado y vencido por la constancia de la mujer.

Tercero, debo señalar que no es una casualidad que Jesús escogiera la imagen de una viuda intentando conseguir justicia de un juez, porque la justicia es parte importante de cómo Jesús describe su regreso. En el capítulo 25 de Mateo escuchamos que cuando Jesús regrese, será un momento de justicia para todos —un momento en que la gente recibirá lo que merece; que Jesús separará a unos de otros según cómo tratamos a los más necesitados en nuestras vidas.

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Dicho todo esto, quiero clarificar una cosa… Cuando Jesús dice que debemos ser como la viuda, no nos invita a la pasividad ni a “esperar y ya”. Nos llama a ser persistentes, incluso hasta agotar a los injustos —a veces dándoles, simbólicamente, al menos, un ojo morado. A lo largo de la historia, a veces la iglesia ha enseñado a la gente simplemente aceptar la injusticia con paciencia, esperando su recompensa en el cielo. Pero esta parábola muestra otra cosa: la viuda no aceptó su situación ni la impunidad del juez; luchó por sí misma, y al final fue escuchada.

También Jesús nos recuerda no perder la esperanza. Como la viuda, debemos levantarnos cada día con la esperanza de que nuestras acciones pueden transformar nuestra realidad. Aferrémonos a esa esperanza y sigamos trabajando por un mundo más justo.

Para concluir, un breve resumen. Primero, no debemos caer en manos de estafadores religiosos —y hay muchos— que anuncian fechas del regreso de Cristo o venden mercancía en torno a ellas. Los evangelios enseñan que Él regresará cuando Él decida, y que nosotros debemos estar preparados, orando y persistiendo en la fe.

En lugar de seguir a cualquier “influencer” en TikTok, Jesús nos invita a ser como la viuda: persistentes en nuestras esperanzas, oraciones y en la búsqueda de justicia. Nos llama a agotar a los jueces injustos y a las fuerzas de la injusticia con nuestra fe incansable. Recordemos que, aunque en español se dice que el juez fue “agotado”, en realidad el texto dice que el juez salió de esa lucha con un ojo morado.

Es decir, la imagen de la viuda no es pasiva, sino activa. Ella no se resigna, sino que lucha por la justicia que merece.  Así también nosotros debemos ser: persistentes, incansables en la fe, y aferrados a la esperanza. Amén.


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My name is Miguel Escobar and I am an Episcopal priest in the Diocese of Long Island, currently serving a two-year curacy at San Andrés Episcopal Church in Sunset Park, Brooklyn. My work centers on the intersection of faith, justice, and economics, including through research and presentations on Christianity’s complicated relationship with money, wealth, and poverty. I write and think about these issues from my location in a parish setting, and more specifically as someone committed to Spanish-language, Latino ministry.   As a writer, I focus on how Christianity has wrestled with questions of money from its earliest days to the present. My first book, The Unjust Steward: Wealth, Poverty, and the Church Today , traces how the early Church’s stance on wealth shifted over the first five centuries, going from a position of sharp critique to eventual accommodation, and reflects on what was gained and lost in that transition. I’m currently working on a second book that explores the...

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