Este sermón fue predicado en San Andrés el 2 de febrero de 2026
![]() |
| Como es el costumbre, la comunidad llevó sus niños Jesús para este servicio |
Es decir, fueron al templo para cumplir tres prácticas de la tradición judía:
- la purificación ritual de la madre, María
- la presentación —o consagración— del primogénito varón al servicio de Dios
- y la ofrenda correspondiente según la Ley
Entonces, hay tres ritos ocurriendo aquí. Sin embargo, Lucas —y con él la Iglesia— pone el énfasis en este acto de presentar y ofrecer a Jesús a Dios, para subrayar que la vida de este niño pertenece plenamente al Señor.
Esta celebración es muy antigua. Existen indicios de que los cristianos la conmemoraban desde los primeros siglos de nuestra fe. Más adelante, hacia el siglo V, la Iglesia añadió el rito de la bendición de las velas, tanto en el templo como en los hogares de los fieles. Esta tradición está profundamente conectada con las palabras de Simeón, cuando proclama que el niño Jesús es “luz para alumbrar a las naciones”.
----
Entonces, nuestra celebración de esta noche tiene muchos aspectos, y cada uno merece atención. Pero, para mí, el centro del relato se encuentra en las palabras de Simeón, junto con el testimonio de la profetisa Ana.
Como escuchamos, Simeón toma al niño en brazos y ora:
“Ahora, Señor, puedes dejar que tu siervo se vaya en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador”
En las palabras que siguen, Simeón resume toda la vida futura de Jesús. Declara que el Mesías esperado ha llegado, que será salvación para Israel y luz para los gentiles. Pero también anuncia que su camino no será fácil. Jesús será causa de caída y de levantamiento para muchos en Israel; será un signo de contradicción y, finalmente, será rechazado.
Simeón se dirige también a María y le anuncia que una espada atravesará su corazón. Así, junto con palabras de gozo y esperanza, escuchamos palabras duras y dolorosas. En ellas se revela la envergadura del ministerio de Jesús: habrá enseñanza profunda y sanación, pero también confrontación, denuncia de la corrupción y, al final, el rechazo - incluso por parte de algunos de sus seguidores más cercanos.
Lucas nos recuerda, una vez más, que esta Luz —la Luz del Mundo— es motivo de celebración para muchos, pero también causa de tropiezo y frustración para otros.
—-
Como ustedes saben, me gusta ofrecer algunas notas que nos ayuden a profundizar nuestro entendimiento de los evangelios. Este pasaje es importantísimo para los historiadores porque revela mucho sobre el contexto en el que Jesús creció.
Lucas nos da una pista clara sobre la condición económica de su familia. Cuando José y María presentan la ofrenda en el templo, no ofrecen un cordero, como lo harían quienes tenían más recursos, sino “un par de tórtolas o dos pichones”, la ofrenda permitida para los pobres.
Esto nos recuerda que Jesús nació y creció en una familia humilde. No es casualidad, entonces, que más adelante proclame la dignidad de los pobres y de los humildes: “Bienaventurados ustedes los pobres”. Su enseñanza viene no solo de su identidad como Hijo de Dios, sino también de su experiencia personal.
Además, las palabras de Simeón colocan a Jesús claramente dentro de la tradición profética de Israel. Como los profetas antes que él, Jesús anunciará la verdad de Dios y, por ello, será rechazado. Simeón anticipa que Jesús compartirá el destino de los profetas: rechazado en vida, pero reconocido después.
—-
Simeón dice que Jesús compartirá el destino de los profetas, pero también dar gracias por haber visto la luz del mundo. Y hablando de luz, allí es donde quiero terminar: con una breve historia sobre las velas en medio de la oscuridad.
Hace unas semanas, algunos de nosotros aquí compartimos nuestras experiencias durante la pandemia. Eso me recordó una experiencia que tuve durante esta época.
Durante la pandemia, yo era director de un programa para seminaristas aquí en Nueva York. Cada mañana comenzábamos el día con la oración matutina. Cuando ya no fue posible reunirnos en persona, empezamos a encontrarnos por Zoom, cada uno desde su hogar, físicamente separados.
Reunirnos así no era fácil. Claro, no es lo mismo que estar juntos presencialmente. Pero, con el tiempo, desarrollamos una práctica muy sencilla, centrada en las velas.
Al comenzar la oración, cada persona encendía una vela en su casa. Yo encendía una pequeña vela en Brooklyn, y los estudiantes hacían lo mismo en sus hogares. Luego, juntos, levantábamos las velas y decíamos algo así:
“Aunque estemos separados en este momento, permanecemos unidos en la luz de Cristo.”
Esta noche celebramos la presentación de Jesús en el templo: la luz que ha venido al mundo. Esa luz sigue encendida en nosotros cada vez que proclamamos y escuchamos el Evangelio. Las palabras y ministerio de este niño Jesús continúan provocando levantamiento y caída, desafío y esperanza. Pero, incluso en medio de todo eso, y aun cuando estamos separados, esta luz sigue brillando en las tinieblas.

Comments
Post a Comment